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lunes, abril 26, 2010
El cobarde muere mil veces, el valiente sólo una.
En México se vive una cruda guerra contra el narcotráfico, y contra su
administración: el crimen organizado. Tal parece que no se puede hablar
de un delito sin mencionar al otro.
Y es que al mismo tiempo que hay personas que se han involucrado en la
producción, trasiego y venta de cocaína, anfetaminas, marihuana, hay
víctimas de esas personas.
Optar por dedicarse a la venta de drogas, también requiere tomar otras
decisiones, debido a su ilegalidad por la mayoría de los gobiernos en
todo el mundo.
Esas decisiones incluyen corromper a agentes aduaneros, pagar a la
policía por la protección de los mercaderes que la comercian y evitar
que unos y otros atraviesen a territorios (plazas) que ya tienen dueño.
Ello acarrea otras necesidades. Las de entrenar sicarios para "defender"
al jefe del grupo organizado. Lo que atrae el tráfico de armas, y como
si esto no fuera suficiente, están allí, quienes deciden ir más
adelante, incluso, imponiendo su propio impuesto a los negocios de las
plazas. Porque generalmente son puntos, donde el dinero fluye debido a
los giros que allí se ubican: restaurantes, bares, bancos, sólo por
citar algunos.
Pero hay quienes incluso han rebasado la línea del límite entre vender
drogas, extorsionar, a violar o matar, incluso, porque no les han pagado
su "nómina". Como si ser sicario fuera una profesión.
Un fin de semana negro.
El pasado fin de semana varios policías federales perdieron la vida a
manos del crimen organizado, mientras que el día a día en Ciudad Juárez
es sumar muertos. ¿Quién los mata? ¿Por qué?
El Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, habló en conferencia
de prensa, sobre el terrible problema de la violencia en México:
"Habremos de perseverar, señores, porque peleamos por la paz, por la
justicia, por la armonía social; porque de nuestro lado está la ley, de
nuestro lado está la esperanza, de nuestro lado está la solidaridad, la
humanidad".
"No sé cuánto más nos va costar esta lucha, pero habremos de perseverar
porque tenemos la razón".
" Porque la violencia sólo puede ser sometida con la razón, con la
justicia y abriendo espacios a la libertad y a la responsabilidad".
Lo que le hizo falta a Gómez Mont para ilustrar la respuesta, fue este
vídeo, que alguien colgó en Internet. Es crudo y sobre todo, demuestra
la irracionalidad de quienes se involucran en el crimen organizado.
Gómez Mont resaltó de manera enfática la necesidad de que Estados Unidos
asuma su parte de culpa en esta guerra. Una culpa que radica al 90% en
esa nación, que para todo se hace llamar "potencia"..... potencialmente
drogadictos, que no han podido vivir durante décadas (específicamente
desde la década de los 40's) cuando los soldados estadounidenses tenían
que drogarse para soportar los efectos de la Segunda Guerra Mundial.
Posteriormente, cuando encontraron divertido el hecho de consumir
drogas, los estadounidenses consolidaron su pasatiempo primero bajo el
pretexto de "prenderse" para subir a un escenario (en el caso de los
cantantes de cualquier género) y posteriormente, para aguantar la
presión que su propio Estado ejerció sobre los ciudadanos, al intentar
convertir a Estados Unidos en el país más competitivo del mundo.
Aunque lo cierto, es que en Estados Unidos, los ciudadanos se
convirtieron en cocainómanos a partir del momento en que sus abuelitos
les aplicaban alguno de los medicamentos que aparecen en las siguientes
imágenes para soportar la irritación que sufre todo bebé cuando están a
punto de brotarle los dientes. Efectivamente, los estadounidenses son
tradicionalmente cocainómanos, desde el momento en que nacen.
Gómez Mont no quita el dedo del renglón, y si exige solidaridad y apoyo
internacional, pero también que los Estados Unidos atiendan la violencia
que gesta su país al vender armas a los integrantes del crimen
organizado:
"Ciertamente, necesitamos solidaridad y apoyo internacional; necesitamos
que los americanos asuman ya la vergüenza de estar vendiendo las armas
con las que se asesinan a mexicanos en este país; necesitamos que los
americanos asuman ya la factura de que es su dinero, el de su mercado de
consumo, el que fomenta e incentiva la acción de la violencia en México;
necesitamos que los americanos asuman su responsabilidad y con ello
auxilien a la autoridad mexicana a perseverar en la lucha y en la
detección de estos delincuentes".
"Miren, ha quedado muy claro, por ejemplo, en el caso de Ciudad Juárez,
cómo se ejerce cierto santuario del otro lado de la frontera: Cuando
ultimaron a los americanos en el Servicio Consular, a las pocas semanas
aparecieron 75 miembros de la banda, vinculada con la comisión de ese
delito".
"En la medida que los americanos entiendan que en la dinámica de la
violencia ellos generan factores muy importantes y asuman su obligación
de neutralizarlos democráticamente, avanzaremos en este destino y la
violencia será desterrada".
Sin embargo, debería el Presidente Felipe Calderón preguntarle a su
homólogo, Barack Obama, si realmente está interesado en hacer que
desaparezca el trafico de drogas en ese país, cuando anualmente deja
ganancias por $60 millones de dólares. Si el Presidente Obama
respondiera a esta pregunta "si" entonces, habría qué preguntarle, por
qué no ha hecho nada para detener a las filas de narcotraficantes desde
las aduanas, la policía, los militares, y de allí en adelante las largas
cadenas de funcionarios delincuentes que hay en su nación. ¿O va a negar
que en Estados Unidos no existe corrupción? ¿Entonces cómo puede
explicar Barack Obama el ingreso de toneladas de droga a su territorio y
el que las drogas lleguen a su población?
Estados Unidos respondió ni tardo ni peresozo a las palabras de Gómez
Mont, exigiedo hacer más para enfrentar la violencia en ambos lados de
la frontera, según palabras de Philip Crowley, vocero del Departamento
de Estado.
Crowley también atrajo la "inversión" que ha hecho Estados Unidos en la
Iniciativa Mérida para ayudar a México a combatir el narcotráfico. Sin
embargo, a Crowley se le pasó admitir que NADA ha hecho Estados Unidos
por frenar la libre venta de armas en su territorio, misma que se
sustenta en su absurda y ridícula Segunda Enmienda Constitucional.
La duda que ahora se gesta en México y en los millones de víctimas del
narcotráfico, no precisamente aquellos que consumen drogas. Sino
aquellos, que han sufrido extorsiones, secuestros y hasta el robo de sus
tierras por grupos de narcotraficantes que empiezan a destinar la tierra
como campo de entrenamiento para el crimen organizado, y la plantación
de marihuana. Esa duda que consume a México en las muertes violentas del
día a día ¿Qué pretende Estados Unidos vendiendo armas como si fueran
gomas de mascar a mexicanos? ¿Qué hay detrás del crimen organizado
financiado con dólares estadounidenses?
¿No será que Estados Unidos ha orquestado en cada país de América Latina
una desgracia social para que posteriormente intervenga militarmente?
Todo puede ser, simplemente porque ya lo dijo Bill Clinton, que México
debería pensar en un Plan Colombia, lo que de inmediato fue rechazado
por el Secretario Gómez Mont.
Sin duda, el telón se empieza a caer en el teatro montado por los
estadounidenses. Y mientras sea tanta su ansiedad por continuar
drogándose, más errores diplomáticos seguirán cometiendo. Ya podrán
venir todos los secretarios de Estado de ese país, los de seguridad,
Barack Obama y como si quieren, su ejército completo. Pero lo cierto, es
que Estados Unidos está a un sólo paso de caer en su propia trampa: la
del engaño y la cobardía al no admitir que en su país también hay
corrupción.
Gómez Mont lo dijo: "El cobarde muere mil veces, el valiente sólo una".
Y Estados Unidos muere cada vez que se engaña a sí mismo.
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