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jueves, octubre 07, 2010
Lujambio se enoja pero la educación le exije que se ponga las pilas.
En días pasados el señor José Narro Robles, rector de la UNAM invitó al
Secretario de Educación, Alonso Lujambio a generar nuevas utopías para
fortalecer la educación media y superior, la ciencia y la cultura en
México.
Al respecto, el señor Lujambio respondió molesto la invitación del señor
Narro: "Ya es suficiente escuchar que no es prioritario para el Gobierno
del Presidente Felipe Calderón la educación.
Por supuesto que lo es, y aquí hay una prueba evidente, palmaria y
plástica; y solamente quien no la quiere ver no la ve".
En vez de molestarse, el señor Lujambio debería actuar proactivamente,
invitando al señor Narro Robles a formar parte de esa inquietud que
demuestra en cada uno de sus discursos el rector de la UNAM por hacer
más eficiente la educación media y superior en México.
Alonsito, si no le gustan las críticas, deje el puesto, pues por lo
visto, eso no es para usted. Ojalá que el Presidente Calderón le diera
oportunidad al señor Narro de ser titular de la SEP, que seguramente
tiene este hombre mucha creatividad para generar extraordinarias ideas
para desarrollar el talento científico y creativo de los profesionistas
mexicanos. Y es que en la realidad, hace falta alguien que permita que
la investigacion y la construcción de nuevas metodologías encuentren su
momento renacentista en una sociedad que adolece ante la violencia y la
falta de oportunidades TANGIBLES para quienes estudiamos una profesión.
Habría qué preguntarle al señor Alonso Lujambio qué haría él después de
tocar muchas puertas y encontrarse un no. El problema que quizá no ha
visto Lujambio pero que Narro ha visto desde hace mucho tiempo, no es si
hay o no maestros, no es si hay o no presupuesto, no es si pasan o no
sus exámenes los maestros.... es que la educación formativa no termina
de encajar con las necesidades sociales que tiene México. Falta algo
más, falta un elemento práctico que permita que cada profesionista
encuentre una oportunidad antes de terminar su carrera, y no
precisamente el que al terminar deban ejercer otras cosas, ajenas
totalmente a su profesión, o que busquen en el extranjero la oportunidad
que México les está negando.
Ojalá que un día el sol brille tanto como para que se ilumine el
intelecto de Lujambio y pueda percatarse de que ese engranaje que le
encomendamos los mexicanos necesita de algo más para su funcionamiento.
Mientras, le anotamos su 6 de calificación para que ya no haga pucheros.