lunes 6 de julio de 2009
Y gana "juanito" en Iztapalapa.
Por: Susana Mendoza.
Si no es apocalíptico que incluso se le llegue a abrir la tierra a Iztapalapa como antes ya ha sucedido, y que se inunde cual laguna, ahora llega "juanito" la nueva figura amlista para hacer de Iztapalapa un bastión político bajo la ahora bandera roja del PT.
La figura que representa Rafael Acosta es la de una comunidad inspirada por la ignorancia y la falta de preparación en materia política, pero también delineada por una compleja estructura social, en la que la corrupción ha tenido su máximo exponente.
Y si no es así, allí está el propio diario La Jornada que en su artículo Iztapalapa: "Una elección con 3 variantes de fraude electoral" describe cómo usaron a niños cual verificadores, para que los votantes tacharan las casillas que a "alguien" convenían, por $400 pesos.
Lo cierto, es que para entender la semiólogía de Iztapalapa, también hay que entender la pobreza en la que viven más de 1 millón de personas que habitan esa demarcación. Una pobreza económica enmarcadas por la inseguridad y la ausencia de un proyecto urbanístico reflejado en esos condominios de madera y bolsas de hule que hacen veces de vidrios, otras, de techo, y que abundan en los cerros de Iztapalapa.
La democracia autoritaria de Andrés Manuel se ha consumado, en un ejercicio electoral que le costará la salida del PRD, según lo advertido por Jesús Ortega al finalizar la jornada de este domingo. Falta ver los resultados. Porque ya no basta con prometerle a los iztapalapeños que se transformará su pobreza en oportunidades. Habrá que cumplirlo, y de eso, estará pendiente toda la sociedad, porque si sólo se usó a la gente mediante un ícono, para después poner en su lugar a una persona de la que no se sabe a ciencia cierta en qué partido milita, para que finalmente no transforme esa pobreza en verdaderas oportunidades, el costo político para los partidarios amlistas y para él mismo sería el doble o el triple incluso, de lo que costó ayer al PRD ver el retorno del PRI a las cámaras y las gobernaturas.
El voto no se compra con $400 pesos, o con despensas. El voto es la moneda de la descepción.
Ahora falta ver si Rafael Acosta renuncia y se apega al trato con López Obrador.
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