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miércoles 7 de mayo de 2008

Un perredista en Los Pinos.



Por: Guadalupe Regalado.






Para muchos puede parecer un traidor a las ideas de la extrema izquierda encabezada por el ciudadano López Obrador.




Para otros tantos, un azul vestido de amarillo, pero cuya sangre reacciona ante los discursos de subversión que se levantan contra la reforma energética y cualquier propuesta calderonista.




Para unos, un espía, que intenta infiltrarse en la información confidencial de La Presidencia. Para otros, un hombre que ha sabido asumir su rol social: un funcionario a las órdenes de la sociedad, que desea trabajar en equipo, y dejar atrás la beligerancia.




Lo cierto es que el Diputado Perredista, Francisco Santos Arreola exclamó ayer en el atril colocado en el salón Adolfo López Mateos de la Residencia Presidencial, la frase que a oídos del caudillo, retumbaría cual misíl: Señor presidente Felipe Calderón, presidente de todos los mexicanos”.




Otra frase contundente, pronunciada por los labios de Santos Arreola fue: “Yo no vengo a rendir pleitesía a nadie, vengo a reconocer lo que se esta haciendo bien”.




Las palabras de Santos Arreola retumbaron en el Salón López Mateos, como los acordes de una orquesta que finalmente empieza a entonar la misma melodía. Quizá, como un violín que después de tanto rechinar, afinó sus cuerdas para deleitar a los asistentes. Santos Arreola dijo "no puede seguir habiendo líderes o caudillos que se sientan dueños de la verdad".




Palabras, sólo eso, mientras los ciudadanos esperamos hechos. Palabras que son reproducidas por todos los medios a cada momento, mientras la sociedad aguarda observando el derrumbe de lo que algún día fue considerada una "esperanza" y que su propio vocero, transformó en el monstruo que amenaza nuestra paz, so pretexto de una reforma a lo que nunca ha sido de los mexicanos, porque cada mexicano tiene que apegarse a un acto de compra-venta.

Del dicho....al hecho.



Cada persona mexicana no sólo espera el reconocimiento de un decreto, sino el reconocimiento a nuestras instituciones, a lo que nos da identidad, a las personas que las representan y a los esfuerzos electorales.




Cada mexicano y mexicana aguarda silenciosamente por el reconocimiento del respeto entre las fuerzas políticas, por la prudencia y el trabajo en equipo.




Cada mexicano y mexicana, anhelamos que no haya perdedores, y que todos ganemos una oportunidad para crecer como personas, como profesionistas, como comerciantes, como artistas, o como lo que cada uno desee realizar. Pero, ante todo, aguardamos los mexicanos por los acuerdos, sin tomas de tribunas o calles, sin señalamientos ni linchamientos mediáticos, sin actidudes que rompan el equilibrio de lo que todos hemos construído y que nadie romperá: nuestra paz.

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