Quizá para los políticos México pueda ser el mejor país del mundo. Ese
que sólo ellos sueñan. Y cómo no va a serlo, si es el único país donde
los políticos se convierten en dictadores de la vida de los ciudadanos.
Aquí la gente despierta y más le vale hacerlo con un rington en su
celular que no sea de la voz de su político favorito, o con un
despertador que pite. Porque si lo hace con la radio, seguramente se
despertará escuchando la voz de Ebrard, Calderón, Paredes, Moreira, el
Peje, o cualquier otro personaje político en voga.
De allí en adelante el día transcurre acompañado de los actos circenses
que protagonizan los políticos. Que si uno se pasa de un partido a otro,
que si hoy otro sale diciendo lo que se tiene qué hacer según su
perspectiva cultural.
Que si otro acusa a un partido de su falta de congruencia….. y así hasta
que cae la noche. Y la gente mientras tanto estuvo expuesta a los
desenfrenos hormonales de los políticos y posteriormente, para relajarse
a los desenfrenos lingüísticos de una tal Laura o de otra tal Niurka,
ambas abordando problemas intrafamiliares y pidiendo “Que pase el”….
Lenguaje peyorativo que suelen utilizar estas mujeres.
Así, entrada la noche, la ciudadanía vuelve a recibir una dosis de
política y otra de violencia. Que si ahora encuentran a dos
descabezados, que si abrieron fuego y mataron por error a una niña, que
si son daños colaterales, que si la droga que no pudo llegar a los
mamíferos que la consumen en Estados Unidos.
Mientras tanto, la parte que hace que verdaderamente evolucione un ser
humano, es relegada apenas a un pobre salón, donde hay un pizarrón que
apenas pinta y algunos materiales didácticos. Las carencias que refleja
el sector educativo en México son la principal causa de que sólo seamos
consumidores, pero no productores de ideas, de servicios de
planificación y mucho menos de corrientes ideológicas que aporten al
mundo un referente de que México ya no forma parte del tercer mundo. Ese
tercer mundo, al que nuestros políticos nos han relegado.
Este estatus en el que actualmente se encuentra México y que reitera
constantemente la OCDE, no es sino el resultado del despilfarro en
campañas vulgares insertas en medios vulgares protagonizada por
políticos vulgares.
¿Acaso se han preguntado los políticos ociosos que tiene México, cuántos
niños talento hay en el país?
¿Ya buscaron hacer un censo para identificar a los y las niñas de entre
6 y 15 años de edad que tengan un coeficiente superior a 130 puntos?
¿Qué planes hay para ellos? ¿Qué programas educativos hay para
relacionar a estos niños con la cultura, la ciencia y las artes?
¿Acaso se interesan por proyectar los sueños de niños con aficiones en
la Física, la Química y las Matemáticas?
Otro país sería México si en vez de gastar millones de dólares en
campañas en medios electrónicos, principalmente Televisa y Tv Azteca,
intentando posicionarse en el gusto de las audiencias, cual
protagonistas de telenovela, crearan fondos de apoyo a la promoción de
la cultura, el arte y la ciencia, coadyuvando a las escuelas públicas a
la compra de tecnología. No hablo de comprar solamente computadoras.
Sino de utilizar los equipos para fines de investigación científica, de
manera que un niño de primaria comprenda realmente el uso del SMS (por
ejemplo, para participar en clase) o bien, comprender cómo funciona la
tecnología WiFi o Bluettoth y por qué no requiere de cables.
Entonces, aprender historia, matemáticas y español sería realmente
motivante. En una palabra, los niños se divertirían y no habría pequeños
pensando en abandonar las clases para ponerse a “chambear, porque en
casa no alcanza para comer”.
Claro está, que para los políticos esto es incomprensible, ya que ni
ellos mismos saben cómo funciona la tecnología. Por eso siguen viendo
televisión de canal abierto y por ende, siguen anunciándose en esos
canales.
Quizá, si ellos comprendieran el uso de la tecnología y su aplicación a
la ciencia, sus campañas serían menos dolorosas tanto en costos, como en
contenidos. Sólo que tendrían al mismo tiempo un inconveniente: que no
podrían continuar con su constante vulgaridad en sus campañas políticas,
sus acciones y mucho menos, jugando con la ciudadanía como suelen
hacerlo.
Cuando una persona está expuesta desde pequeña a un entorno
metodológico, en el que se convive mediante uso de la tecnología y se
aborda el ¿por qué? desde la perspectiva de la ciencia, la visualización
de su mundo se transforma en un proceso evolutivo, donde la conducta se
ciñe al razonamiento del propio comportamiento, identificando qué lo
causa y cuáles son las consecuencias de esos actos.
No es que un niño con condiciones así sea un psicólogo nato, pero así
funciona por el sólo hecho de comprender de manera más sencilla y
práctica cómo puede expresar sus necesidades, y sabe que muchas de ellas
deberán ser satisfechas por el sólo derecho de ser un ser humano.
Este punto es precisamente el que desconocen los políticos vulgares con
los que ha contado México en toda su historia, desde la época en que se
fundó, hasta la fecha.
Seguramente, en países como Finlandia, Noruega, Austria, Alemania, Suiza
o la propia Inglaterra, donde recientemente se ha criticado en un
programa de la BBC de Londres a los mexicanos, señalando de
“irresponsables, pesados, flatulentes y vagos”, se identifica
primeramente a las necesidades de todo ser humano, y se otorga el
derecho que cada ciudadano de estos lugares tiene a satisfacer
necesidades tan básicas como ir al baño utilizando para ello un baño y
no letrinas, ducharse con una regadera y no a jicarazos, comer
dignamente en una mesa y no sobre el suelo, y entre otras cosas,
proporcionar las herramientas necesarias para que los trabajadores (como
los que hicieron banquetas en la delegación Venustiano Carranza) puedan
realizar su trabajo de manera DIGNA y con protección a su físico.
Las imágenes de cómo han laborado estos trabajadores pueden verse en el
siguiente enlace:
https://w-inedita.com/archives/2011/01/entry_676.html
La política en México ha rebasado el límite de su propio contexto, y he
de subrayar, que se ha apoderado de la vida, de las necesidades y de los
sueños de las personas que nada tienen qué ver con ningún político.
Para cambiar este deprimente panorama, que sólo ha reducido a actores
incidentales a los ciudadanos en un acto de circo, se tendría que exigir
primeramente que los políticos cuenten con una preparación profesional y
una especialización enfocada al país que aspiran administrar, ya que ni
Harvard ni ninguna universidad en el extranjero, enfoca sus estudios a
la administración de México.
Luego, entonces podríamos buscar a los políticos que más allá del
carisma, también sepan hablar, que puedan lucir sus prendas con
elegancia y estilo, y sobre todo, que puedan expresarse sin terminar
peleando, gritando, amenazando a sus opositores.
Seguramente México sería como Austria, Noruega, Finlandia, Inglaterra o
Alemania. Seguramente y para entonces, no se mofarían de los mexicanos
ni en la BBC ni en ningún otro medio de comunicación de ninguna parte
del mundo, como ya hemos visto, que no es la primera vez que esto sucede.
Si sigue sucediendo…. Por algo será.
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