San Fernando, el pueblo criminal.
El colmo es que nadie haya visto nada. Eso es lo que realmente indigna. El que nadie, absolutamente nadie en el pueblo polvoriento de San Fernando, Tamaulipas, haya denunciado que en las carreteras grupos armados detuvieran a los autobuses y de ellos bajaran a pasajeros para ponerles a cavar su propia tumba y posteriormente los mataran a golpes.
La criminalidad con la que el pueblo de San Fernando mató a los hoy 116 cadáveres encontrados por el Ejército Mexicano, no sólo radica en quien los ejecutó, sino también en quiénes guardaron silencio ante el hecho.
Entre esos criminales también están los choferes de las líneas de autobuses que nunca denunciaron la detención por individuos armados y el secuestro de aquellos que hoy, simplemente, están muertos.
Y los otros criminales, los que nunca faltan y los que llevan a sus espaldas el horror de esta guerra: las autoridades tamaulipecas. ¿Acaso tampoco sabían nada los señores policías de Tamaulipas? ¿Acaso no sabe lo que sucede en su propio estado el gobernador Egidio Torre Cantú? ¿Entónces para qué reelevó a su hermano cuando al verdadero candidato por la gobernatura de ese estado lo mataron? ¿Qué no investiga ese señor el origen de las muertes en el estado que él liderea cuando a su propio hermano le cesaron de la vida?
Muchas cosas son las que hay que aclarar en Tamaulipas, estado del cuál no dudamos que pase a formar parte de la historia de México y del mundo. Si por supuesto, formará parte de la historia del genocidio desatado por criminales que defienden su "derecho" a seguir matando y a defender sus drogas, porque no saben trabajar en algo honrado. Por eso Tamaulipas pasará a formar parte de la historia del mundo, más no por proyectos deportivos, culturales o científicos. Estos tres sectores ni siquiera los conocen, y eso se nota claramente en el número de notas informativas sobre Tamaulipas, siendo el 99% sobre su corrupción, su nivel de criminalidad y su carencia ética para denunciar.
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