Ejecuciones con grupos armados, fosas clandestinas, el deterioro de
segmentos sociales que ven transgredida su "capacidad económica" porque
el gobierno decidió abatir al delito. Este es el marco de una lucha
contra el narcotráfico y el crimen organizado en México. Una lucha que
tiene como contexto, la pobreza, el desánimo social, la falta de
educación y capacitación tecnológica, y como consecuencia, la
frustración que provoca la falta de competitividad ante los nuevos retos
que exige una economía globalizada.
La violencia que hoy en día vive México, es el reflejo de una sociedad
que hace veinte años no estaba preparada para encaminarse ante tratados
de libre comercio, ni mucho menos para admitir la llegada de conceptos
de comunicación que le vendieran a sociedades tecnócratas, cuando lo
cierto era que muchos mexicanos, vivían aún con poco en sus pequeñas
comunidades rurales.
Fue así como la presión económica, la falta de respaldo financiero y una
educación pobre, basada en un pizarrón, un gis y unos cuantos libros,
orilló a muchos mexicanos a emigrar, para buscar en otros lugares, lo
que en su país se les dificultó encontrar, y algunos más, sumarse a
organizaciones que les orillaron a ser criminales.
Sin un prototipo de comunicación social orientada a reestructurar el
sistema de valores de la persona que se había alejado de su familia, o
bien, que buscara en el tráfico de personas, drogas y armas la salida
fácil a sus problemas económicos, la percepción equívoca sobre el cómo
debía retribuirse el sufrimiento ocasionado por las carencias
económicas, invadió otro aspecto de la personalidad de muchos mexicanos:
su estructura emocional.
El exito económico si bien es reflejo de lo que las personas pueden
lograr con sus conocimientos, también es reflejo del equilibrio
emocional y mental que una persona desarrolla en base a la educación que
recibe desde su propio hogar y que debe reforzar en la escuela.
¿Cómo resarcir las emociones que hoy siente un criminal cuando desde
niños fueron encaminados a la generación de las mismas?
Es la higiene mental la encargada de prevenir desajustes emocionales y
desequilibrios en la personalidad. Cuando estos desequilibrios no son
identificados y canalizados mediante terapias a tiempo, se desencadenan
enfermedades mentales. Muchas de estas enfermedades giran en torno a la
ira.
¿Cómo se identifican?
Principalmente se encausa a diversos segmentos de la población a través
de talleres, seminarios y cursos mediante los que se facilitan las
técnicas que ayudan a mejorar el nivel de satisfacción en sus vidas.
Cuando las personas no han satisfecho sus necesidades básicas, estas
desarrollan actitudes agresivas, lo cual puede generar violencia.
El ser humano por naturaleza, es un animal salvaje, pero se controla ese
salvajismo gracias a la educación, lo cual incluye la formación ética,
es decir, la enseñanza de valores como la honestidad, el respeto, el
amor, la honradez, y los cuáles no son otra cosa, más que la
construcción de la dignididad humana. Cuando la persona sufre abandono
por parte de los padres y se reelega su educación, se frena su proceso
evolutivo. Es entonces que la persona se enfrenta a un vacío en el que
tarde o temprano (generalmente, en la etapa adulta inicial) se percatará
de las posibilidades de triunfo que le fueron negadas, por no ofrecerle
las herramientas necesarias para competir en la sociedad. La primera
sensación es el rencor social, un coraje hacia diversos grupos, que
pueden ser conformados desde la propia familia, y que entre más se
percate el individuo de las oportunidades a las que no podrá acceder por
falta de preparación educativa, el coraje se transforma en odio hacia el
resto de la sociedad.
¿Por qué otros si, y yo no? Esa es la primera pregunta que se hace el
individuo en torno a su propio status social. El resultado, no es otro
sino una persona con un alto nivel de frustración que ha visto mermada
su voluntad ante la incapacidad de obtener lo que desea, por lo que cae
en un proceso de disonancia cognitiva, al tener que admitir hechos
ajenos a sus creencias, que justifica como un posible mecanismo de
defensa, como el único recurso que le permite satisfacer sus necesidades
primarias, debido a que terceros le han negado los recursos necesarios
para satisfacer dichas necesidades. En pocas palabras, la persona admite
realizar una actividad delictiva, a cambio de satisfacer su necesidad
básica. Mientras que su justificación gira en torno a que "el sistema,
o el gobierno" le han impedido acceder a los medios necesarios para
tener lo que necesita él o ella y su propia familia.
Es entonces que la mentalidad que empieza a asumir el individuo es el de
generar una fuerza interna que le motive a sobrevivir ante la tormentosa
racha de negaciones que sufre en su vida, debido a la falta de
preparación académica, originada en gran parte, por el abandono afectivo
que originaron sus propios padres. Es importante comprender, que sin
afectividad un niño no va a desarrollar sus capacidades para generar
producto en su vida. Es decir, la falta de atención de los padres,
puede generar un niño incapaz de darle solución a los problemas.
Debemos considerar, que en México, la educación básica (primaria y
secundaria) es obligatoria, y que no hace falta ni siquiera comprar un
cuaderno o un lápiz, ya que la Secretaría de Educación Pública al ver la
presencia de un niño sin recursos, tiene la obligación de ofrecerle el
recurso para que pueda estudiar.
Pero también debemos considerar, que como padres de familia, en el
momento en que el niño debe integrarse al sistema escolar, tenemos la
obligación de proveerle lo necesario para que pueda insertarse en la
sociedad, sin ser estigmatizado por otras personas, sólo por falta de
recursos o lo que es peor, por falta de educación.
La voluntad no basta para que una persona sea exitosa en su vida. Son
necesarios otros elementos, como el trabajo constante, la enseñanza de
valores como la honradez, la honestidad, el respeto para que se
construya el concepto de dignidad en un ser humano. Si este ser humano
desconoce en sí mismo ese concepto, sus reacciones giran en torno a la
violencia y simplemente asume a la violencia ya no como un mecanismo de
defensa, sino como un estilo propio de vida. Este aspecto, es el que ha
llevado a miles de jóvenes a formar parte de las filas del crimen
organizado en México.
Al ver truncadas sus posibilidades de crecimiento social y económico,
muchos jovenes mexicanos se han unido a la "oportunidad" que les han
brindado organizaciones criminales, siendo primero sus informantes y
aprendices, para posteriormente convertirlos en sus operadores, sicarios
y capos.
Esto, sólo es el inicio de una hebra en la que se hila la terrible
historia de violencia que hoy se escribe en México bajo la pluma de la
corrupción.
Por ello, cuando diversas personalidades han dicho ante los medios que
debe reestructurarse el tejido social, lo que se dificulta imaginar cómo
reestructurar eso, que desde sus inicios fue abandonado a su suerte. El
tejido social tiene su origen en la familia de aquellas personas que hoy
están involucradas en una vida delictuosa, y que están heredando su
percepción social a sus descendientes. Es evidente, que hay jóvenes que
enseñan a sus hijos el "valor" de la violencia, dándoles armas desde
pequeños y mostrándolos así en las redes sociales. Nada más erróneo que
hacerles pensar que un arma les da la el reconocimiento social y el
poder económico que tanto anhelan.
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